Estos italianos están locos. Es el mejor resumen de los días que llevamos en Italia. No, no es un cliché, ni un tópico, en solo tres días rodando por carreteras italianas hemos visto adelantamientos en raya continua… Muchos, invasiones de carril contrario, ignorar semáforos en rojo… Insisto, no uno ni dos… Muchos.El colmo ya ha sido rodar por la ciudad de Florencia en la que las líneas no existen, aunque están, y te pueden aparecer motos, coches, camiones, bicicletas… Desde cualquier lado y como tiros.
Pero más allá de la conducción de los italianos, hoy hemos disfrutado mucho, a pesar del calor y del tráfico, encima de la moto y sentados fuera de ella.
Empezamos la mañana acompañados o, mejor dicho acompañando, a Fernando @motercode y a su hijo por las montañas que rodean Bolonia.
Las dos Royal Enfield (Himalayan y classic) nos guiaron arriba y abajo por varios picos hasta coger la 325 y acabar en el Lago Santamaría. Pensábamos comer algo y seguir, pero la cosa se alargó, porque Fernando consiguió que los del chiringuito le encargasen carne a una carnicería del pueblo, nos la trajeran, nos dieron carbón y en un plis, montamos una barbacoa. Además el sol dejó de pegar fuerte, con lo que pasamos un buen rato allí comiendo y charlando a los pies del pantano.Tras el helado y el café tocó la despedida, Fernando sale este fin de semana a hacer la TET (Trans European Trail) que es una ruta por Europa todo por pistas fuera del asfalto.
Nos dirigimos ahora hacia Florencia, ya solos y con mucho calor de nuevo. La carretera va bajando y se nota la diferencia de temperatura. Nos sorprende que, de nuevo, nos encontramos con curvas y más curvas.
Al girar en una curva de derechas, de frente, al fondo, una bonita vista de la ciudad de Florencia mientras bajamos al barullo de la ciudad.
Cómo decía al principio, tráfico de locos, nos dirigimos a visitar a una vieja amiga que vive allí desde hace unos diez años. Encontramos la dirección, aparcamos y, tras varios paseos, ya que la calle tiene dos numeraciones distintas (???), encontramos la casa.
Una hora de charla y descanso, de recuerdos y de planes de futuro, de ponernos al día vaya y volvemos a la ruta. Nuestro destino era Siena y aún nos quedaba algo más de una hora para llegar.
Elegimos esta vez el camino rápido la «autopista», que en realidad no lo es. Viajamos por una carretera de dos carriles sí, pero en su mayor parte está limitada a 90 km/h, no hay arcenes y, por supuesto, excepto cuando hay un radar, la mayoría de los coches no respetan el limite. Hay que ir con mil ojos para que no te lleven por delante. La hora de camino se hace larga, hace calor y llevamos ya un buen rato de viaje.
Por fin llegamos a Siena y encontramos el B&B. La Chicca que se encuentra en la parte alta de la ciudad, cerca del Stadio. Es una casa antigua de techos muy altos en las que las habitaciones han sido reacondicionadas y provistas de un moderno baño. Check-in, ducha, pantalon corto y a dar una vuelta por Siena. Aunque solo la vimos de noche, la ciudad nos sorprendió gratamente, a pesar de sus calles en pendiente.
Para llegar casi a cualquier lado hay que bien subir o bajar o ambos grandes pendientes o escaleras que dan vértigo.
Cenamos en una terraza cerca del Duomo en la que nos tratan muy bien, aunque también lo cobraron luego.
Nos damos un paseo por el Duomo y la plaza, la zona es espectacular, merece la pena una visita.
Volvemos al B&B reventados de tanta cuesta y de un día muy largo, pero que ha merecido mucho la pena.
Mañana recorreremos la Toscana y dormiremos en Pisa.
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