Suena el despertador como cada día, a las 8 de la mañana. Llevamos ya 8 días de viaje y ya ni sabemos en qué día estamos.
Todas las mañanas la misma liturgia, primero desayunar, preparar maletas, recoger cables, zapatillas, neceser, etc.
Ayer aparcamos en la calle, algo que no me gusta especialmente, pero no había otra opción. Una vez listos, llevamos las maletas a la moto, pagamos y salimos.
Hoy seguimos con mucho calor, una vez salimos de Siena, cogemos unos 20 kilómetros de pseudo autopista (dos carriles para casa sentido separados por una mediana pero limitados a 90 por hora).
Hoy es viernes y, cómo esperábamos, hay mucho tráfico, una vez desviados de la autopista, entramos en una carretera que nos llevará a Volterra. El piso es regulero, con muchos agujeros y baches, la carretera es ancha y con muchas curvas. Circulamos entre calles, con las plantaciones de vides y olivos típicos de la Toscana, pero rodeados de coches y camiones.
Llegamos a Volterra y aparcamos en un parking de motos cerca de los restos del teatro romano. Candamos los cascos en la moto y nos vamos caminando por el centro del pueblo.
Volterra es un pueblo pequeño de la Toscana italiana muy bonito al mantener sus calles y edificios con un aspecto, digamos, antiguo, pero restaurado.
Calles empedradas, muralla que rodea el pueblo, sin grandes carteles en los locales, edificios bajos, manteniendo la estética del conjunto. Merece la pena verlo, ademas la carretera hasta aquí es bastante divertida.
Nos tomamos un refrigerio y seguimos,ruta. Nos vamos acercando a la costa cada vez más y se nota. La humedad aumenta, pero también la brisa es más fresca.
Después de unos cuantos kilómetros por carreteras reviradas paramos a comer en un restaurante que está en una recta y parece que tiene mucha sombra. Somos los últimos en llegar, «tiramos» la moto lo más a la sombra posible al lado de la terraza, con las consiguientes miradas de los comensales que ya estaban sentados al vernos cuál extraterrestres con nuestros trajes, cascos, etc.
Nos sentamos, pedimos, esperamos, esperamos más, nos traen un tentempié por la espera (pero no las bebidas), seguimos esperando y, por fin llega la comida.
Una vez damos buena cuenta de ella, seguimos viaje, nos queda apenas una hora para llegar a Pisa.
Enseguida salimos a una pseudo autopista de esas otra vez que cada vez se acerca más a la costa. Vemos el mar!!! Nos tiraríamos sin pensar mucho al agua para refrescarnos.
Cientos de scooters aparcadas en los arcenes nos indican que por ahí hay playa o algo similar para poder bañarse.
Entramos por fin en Pisa, ciudad de la que no esperábamos mucho más que la torre famosa. Entrados en el caso de la pequeña ciudad, el tráfico una vez más es de locos.
Un grupo de chinos cruzando en una rotonda sin paso de peatones ha creado un atasco monumental, bicis, scooters, coches cruzando, que locura!
Llegamos al B&B, aparcamos, descargamos, ducha y salimos de turismo. Hoy hemos llegado bastante pronto y tenemos tiempo de sobra.
Llegamos a la famosa torre, a primera vista es más grande de lo que me había imaginado y está más inclinada también.
Compramos tickets para subir, 18€ por persona, lo cual se nos antoja bastante caro, pero ya que estamos allí, no subir sería casi delito.
A pesar del esfuerzo de subir las escaleras, merece la pena. Las vistas desde arriba son espectaculares y la sensación de las escaleras torcidas es cuasi mareante, si vais, os recomiendo subir.
Pasamos un buen rato arriba, ademas de todo, sopla el viento y hace mucho más fresco que abajo.
Retornamos a tierra, damos un paseo, cenamos en el único restaurante que no parecía «caza turistas» (recomendación de google) y acertamos.
Caminamos otro poco, fotos nocturnas De la Torre y a dormir que ha sido un día completito.
Veámonos a Génova!
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